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JONÁS Era el quinto de los profetas menores y su escultura está hoy en la última caja del primer cuerpo de la Puerta Santa. Su narración bíblica se inicia con un mandato divino: Dios le ordena ir a Nínive y proclamar allí que su maldad ha llegado hasta Él. Jonás cumple su misión con tanta fortuna que la ciudad se arrepiente y es perdonada. Pero el profeta no comprende el perdón de Dios y este desconcierto se refleja en la expresión de su figura. Aunque a la escultura le falta la cabeza original y la mano en que la apoyaba, su antebrazo, afirmándose sobre el libro, cerrado y de canto, atestigua la actitud dubitativa y meditabunda del personaje. Viste túnica, pelliza y simlah, cuyos restos todavía pueden verse sobre el hombro izquierdo, con su remate en zigzag, que reiteran los pliegues de la túnica a ambos lados de los pedules. Ocupaba el primer lugar en el tercer tramo de la fachada norte. Las figuras de este tramo se caracterizan por una actitud pensativa o de pesadumbre, de ahí que se puedan considerar como los "Pensierosos". |
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