EZEQUIEL

El aspecto atormentado de esta figura, situada hoy en la girola de la Catedral, a un lado de la Puerta Santa, inducen a identificarla con el profeta deportado hacia el año 597 a.C., cuyos escritos lo convierten en el gran cantor de la tragedia del exilio.

Su cabeza, cubierta por el gorro de estambre, tiene una triste expresión y enérgicos rasgos, acentuados por los retoques y la policromía. También los mechones de la melena y barba, al aumentar la profundidad de su relieve, logran un mayor y más expresivo claroscuro. Viste túnica y pelliza, de sobrios y pesados pliegues. Es muy novedoso el despliegue del manto desde su hombro izquierdo, repartido, al recogerlo el profeta, en dos grandes picos, donde la superposición de los planos origina fuertes contrastes.

Con la mano derecha sostiene un largo rótulo, que compositivamente se relaciona con el de Isaías, alternando ambos con el libro de cada uno de los otros dos profetas mayores.

Era la tercera figura del primer tramo de la fachada norte.

 
 

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