SAN MATEO, APÓSTOL

Estuvo durante algún tiempo en el Palacio de Gelmírez y se ha empleado en la reconstrucción del coro.

Al bloque de piedra en que está tallada la figura se le dio por detrás forma semicircular, simulando el respaldo de una silla. Quizá entonces lo decapitaron, pegándole la erosionada cabeza.

Sentado en silla de tijera muestra un pergamino enrollado por ambos lados sostenido con la mano izquierda, cubierta con el manto, mientras apoya los dedos de la derecha sobre la rodilla opuesta. Calza pedules y viste túnica con pliegue sobre el pecho en forma de tubo de órgano. El manto, tras cubrir el lado izquierdo, se desliza diagonalmente por la espalda hasta reaparecer tapando las rodillas, formando pequeños huecos de acusadas sombras y dibujando una amplia curva parabólica hasta los pies.

El aspecto lampiño del rostro, tan distinto a los demás apóstoles, excepto san Juan y san Felipe, parecer aludir a su símbolo: el hombre-ángel. Quizá el escultor quiso distinguir así las dos representaciones de san Mateo, como apóstol y como evangelista.

Con esta figura se iniciaba el tercer tramo de la fachada sur.

 
 

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