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El derribo del coro pétreo, realizado por el maestro Mateo y su taller, se efectuó en los últimos días de 1603 y primeros de 1604. Muchas de sus piezas fueron reutilizadas en la propia catedral por Ginés Martínez, arquitecto al que el cabildo compostelano había encargado obras como la escalinata de la fachada del Obradoiro o los cierres de piedra del nuevo coro. Los hallazgos de las piezas y fragmentos medievales se produjeron al realizar excavaciones arqueológicas y otras obras realizadas en el recinto catedralicio, aunque algunas piezas se encontraron fuera de la basílica, lo que prueba la diáspora sufrida por ciertos elementos del coro. Tras el derribo del coro pétreo, finales de 1603 y comienzos de 1604, las piezas desechadas fueron utilizadas en diversas obras dentro y fuera de la catedral. Algunos elementos sirvieron de relleno en el emplazamiento del nuevo coro, claustro catedralicio, pero la mayor parte se utilizó, con similar finalidad, en la escalinata del Obradoiro así como de pavimento en el mirador que la corona. Finalmente, alguna sirvió para cerrar los mostradores de ciertas tiendas situadas en la Plaza de las Platerías. Las excavaciones y obras realizadas en la catedral a lo largo del siglo XX, y especialmente entre 1950 y 1980, han proporcionado un heterogéneo conjunto de piezas procedentes del coro pétreo que se almacenaron en la buchería, donde fueron estudiadas y catalogadas por los profesores Ramón Otero Túñez y Ramón Yzquierdo Perrín. |
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